jueves, 5 de mayo de 2016

Los otros tres

Lo más impresionante que ha conseguido el Real Madrid no es alcanzar una nueva final de la Champions League. Tampoco que sea la segunda en tres años, habiendo alcanzado durante seis consecutivos las semifinales de la competición de clubes más prestigiosa del planeta. Lo increíble en esta historia es que el Real Madrid, hace escasos meses, estaba sumido en una profundísima crisis no ya solo deportiva, sino de calado institucional, que parecía advenir el peor de los porvenires para lo que restaba de campaña en Concha Espina. Agotado el tiempo de Rafa Benítez, Florentino Pérez puso al frente del barco al técnico del filial. Una solución de improvisto, un ínfimo parche sobre un boquete de proporciones descomunales. Una cabeza de turco protegida tras el escudo que el Bernabéu otorga solo a los más grandes.

El 12 de diciembre de 2015, Zinedine Zidane se sentaba en el banquillo visitante del Estadio Sarriena para enfrentar al Leioa. El próximo 28 de mayo de 2016, dirigirá en San Siro al Real Madrid en una final de la Champions League.

Y lo hará después de vencer por un gol a cero al Manchester City de Manuel Pellegrini. Sin Benzema y sin Casemiro, Zizou tuvo que variar su once habitual. Lo hizo dando entrada a Jesé donde Karim, y a Isco donde Kroos, dejando al teutón las labores de mediocentro en el habitual 4-3-3 del Real. Con la BBC mermada por la incomparecencia de uno de sus miembros y la falta de forma de otro, el trío de futbolistas sobre el que recayó el peso del partido fue otro. El de los centrocampistas.

Como comentaba ayer David de la Peña, el potencial del Real Madrid de Zidane aumenta considerablemente cuando es Toni Kroos el que ejerce como mediocentro. Es cierto que carece de la capacidad de Casemiro para apagar fuegos en transición defensiva, evitando que el Madrid se parta cuando la pierde, pero también lo es que, con el alemán, esos fuegos son menos habituales. Con Kroos como pivote, el Madrid rompe líneas en salida con mayor facilidad, consiguiendo girar rápidamente al rival, ganando así metros a la par que sus jugadores se juntan en torno al balón. Junto a Modric, el auténtico capataz de este equipo, e Isco, el jugador contextual que multiplica el sentido de la propuesta de Zidane, acompañando desde el interior izquierdo, los blancos muestran otra cara. Especialmente reseñable fue lo del malagueño. Sus giros recibiendo de espaldas cubren a la perfección la carencia del Madrid de Casemiro cuando le presionan arriba: la falta de un jugador que dé el apoyo que consiga romper esa línea de presión, que permita avanzar al equipo evitando el habitual pelotazo al que venían recurriendo los merengues.

El añadido con el que contó Zidane frente al City fue el nivel de sus centrales. Para que Kroos pueda ser el que juegue como mediocentro, su entrenador necesita, además de la calidad de sus interiores, que Ramos y Pepe/Varane den el nivel que el esquema les pide. Tras el imperial partido de Pepe en la ida, ayer le llegó el turno al central de Camas. Impecable al corte y autoritario con la pelota en los pies, Ramos volvió a ser el zaguero que legitima a los suyos competir como los que más por la Copa de Europa. Su figura era, es, y será imprescindible para que este Madrid aspire a hacerse con “la orejona”.

No sería justo terminar este texto sin hablar del nivel mostrado por el Manchester City durante toda la semifinal. Un dato habla por sí solo: Keylor Navas tuvo que para un balón en 180 minutos de juego. La incomparecencia de los de Pellegrini se agiganta en figuras como la de Yaya Touré o el Kun Agüero, transparentes a más no poder. Las acciones de presión de los citiziens en las que Touré caminaba (literalmente) para encimar a Modric o Isco hablan con claridad del ínfimo nivel competitivo del City, únicamente sostenido en el Bernabéu por Joe Hart, Nicolás Otamendi y Fernandinho.


Pero la realidad es que en poco más de 20 días Atlético y Real repetirán en Milán lo que hace dos años pelearon en Lisboa. Zidane dispone de dos partidos más para terminar de afianzar ideas, completar el resurgir de algunos jugadores (Isco) o hacer un último intento con otros (James), si bien ya ha conseguido lo que el pasado mes de enero parecía más improbable: conseguir levantar un equipo que competirá por todo hasta el último día, de donde solo quedaba una temporada tirada a la basura. 

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