Lo más impresionante
que ha conseguido el Real Madrid no es alcanzar una nueva final de la Champions
League. Tampoco que sea la segunda en tres años, habiendo alcanzado durante
seis consecutivos las semifinales de la competición de clubes más prestigiosa
del planeta. Lo increíble en esta historia es que el Real Madrid, hace escasos
meses, estaba sumido en una profundísima crisis no ya solo deportiva, sino de
calado institucional, que parecía advenir el peor de los porvenires para lo que
restaba de campaña en Concha Espina. Agotado el tiempo de Rafa Benítez,
Florentino Pérez puso al frente del barco al técnico del filial. Una solución
de improvisto, un ínfimo parche sobre un boquete de proporciones descomunales.
Una cabeza de turco protegida tras el escudo que el Bernabéu otorga solo a los
más grandes.
El 12 de diciembre de
2015, Zinedine Zidane se sentaba en el banquillo visitante del Estadio
Sarriena para enfrentar al Leioa. El próximo 28 de mayo de 2016, dirigirá en
San Siro al Real Madrid en una final de la Champions League.
Y lo hará después de
vencer por un gol a cero al Manchester City de Manuel Pellegrini. Sin Benzema y
sin Casemiro, Zizou tuvo que variar
su once habitual. Lo hizo dando entrada a Jesé donde Karim, y a Isco donde
Kroos, dejando al teutón las labores de mediocentro en el habitual 4-3-3 del
Real. Con la BBC mermada por la incomparecencia de uno de sus miembros y la
falta de forma de otro, el trío de futbolistas sobre el que recayó el peso del
partido fue otro. El de los centrocampistas.
Como comentaba ayer
David de la Peña, el potencial del Real Madrid de Zidane aumenta
considerablemente cuando es Toni Kroos el que ejerce como mediocentro. Es
cierto que carece de la capacidad de Casemiro para apagar fuegos en transición
defensiva, evitando que el Madrid se parta cuando la pierde, pero también lo es
que, con el alemán, esos fuegos son menos habituales. Con Kroos como pivote, el
Madrid rompe líneas en salida con mayor facilidad, consiguiendo girar
rápidamente al rival, ganando así metros a la par que sus jugadores se juntan
en torno al balón. Junto a Modric, el auténtico capataz de este equipo, e Isco, el jugador contextual que multiplica el sentido de la propuesta de Zidane, acompañando desde el interior izquierdo, los blancos muestran otra cara.
Especialmente reseñable fue lo del malagueño. Sus giros recibiendo de espaldas
cubren a la perfección la carencia del Madrid de Casemiro cuando le presionan
arriba: la falta de un jugador que dé el apoyo que consiga romper esa línea de
presión, que permita avanzar al equipo evitando el habitual pelotazo al que
venían recurriendo los merengues.
El añadido con el que
contó Zidane frente al City fue el nivel de sus centrales. Para que Kroos pueda
ser el que juegue como mediocentro, su entrenador necesita, además de la
calidad de sus interiores, que Ramos y Pepe/Varane den el nivel que el esquema
les pide. Tras el imperial partido de Pepe en la ida, ayer le llegó el turno al
central de Camas. Impecable al corte y autoritario con la pelota en los pies,
Ramos volvió a ser el zaguero que legitima a los suyos competir como los que más por la Copa
de Europa. Su figura era, es, y será imprescindible para que este Madrid aspire
a hacerse con “la orejona”.
No sería justo terminar
este texto sin hablar del nivel mostrado por el Manchester City durante toda la
semifinal. Un dato habla por sí solo: Keylor Navas tuvo que para un balón en
180 minutos de juego. La incomparecencia de los de Pellegrini se agiganta en
figuras como la de Yaya Touré o el Kun Agüero,
transparentes a más no poder. Las acciones de presión de los citiziens en las que Touré caminaba
(literalmente) para encimar a Modric o Isco hablan con claridad del ínfimo nivel
competitivo del City, únicamente sostenido en el Bernabéu por Joe Hart, Nicolás
Otamendi y Fernandinho.
Pero la realidad es que
en poco más de 20 días Atlético y Real repetirán en Milán lo
que hace dos años pelearon en Lisboa. Zidane dispone de dos partidos más para
terminar de afianzar ideas, completar el resurgir de algunos jugadores (Isco) o hacer un
último intento con otros (James), si bien ya ha conseguido lo que el pasado mes
de enero parecía más improbable: conseguir levantar un equipo que competirá por
todo hasta el último día, de donde solo quedaba una temporada tirada a la
basura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario