Fue en Lisboa donde
esta final comenzó. El 24 de mayo de 2014, el Estadio da Luz presenciaría el choque
que sirve hoy como evidencia de la concepción mental con la que Club Atlético
de Madrid y Real Madrid Club de Fútbol afrontan el partido de la noche del 28
de mayo de 2016. Los del Manzanares llevan aún colgada la lanza que aquel
fatídico minuto les clavara en el pecho. Con la herida abierta, afrontan el
choque como una catarsis simbólica, encontrando en el mismo la oportunidad
dorada por la que parecían haber clamado al cielo desde el preciso momento en
que su vecino levantara la orejona
hace solo dos años. “Sed de venganza” se define con lo que el Atleti atesora de cara a este partido. Los blancos, calmada su ansiedad por medio de la mitificada Décima, aterrizan en territorio lombardo
con Sergio Ramos, el héroe de aquella machada, presidiendo filas. Sus compañeros
siguen su estela con la confianza que da el saber que si ya contaron con el
favor de los dioses del caprichoso destino en una ocasión, raro sería que
estos, en 734 días, hubieran cambiado de equipo.
El devenir del
encuentro tiene su hoja de ruta en dos decisiones. La primera, la que
corresponde al Cholo Simeone: ¿presionará el Atlético la salida blanca desde el
inicio, o por el contrario presentará un bloque medio-bajo con el que hacerse
fuerte en su área y esperar el gol que les dé el partido? La segunda, para
Zidane: ¿será Casemiro el tercer centrocampista, o tendrá continuidad la
titularidad de Isco, como ya sucediese en la vuelta ante el City?
La premisa sobre la que
debe partirse es que el Real Madrid, cuando ha tenido la pelota (y mañana la
tendrá), ha sufrido si se le ha buscado en su campo. En base a esto, y
especialmente a los últimos encuentros entre uno y otro equipo, lo lógico sería
ver un Atleti dominador desde su presión, con el incentivo extra que supone la
rabia que sus jugadores acumulan por el recuerdo del pasado reciente. Más aún
si el mediocentro merengue es Casemiro, factor que entorpece ostensiblemente la
elaboración de los de Zidane. Favorecería también esta actitud el hacer de los
ataques colchoneros una vía corta por la que llegar a Keylor, evitando así tener
que hacer medirse en velocidad a Griezmann y Torres con Pepe y Ramos,
posiblemente la pareja de centrales más dominante del mundo en estas lides. Echar
el cierre sobre campo propio supondría además ayudar a solucionar uno de los
quebraderos de cabeza de Zizou: cómo
posicionar a sus tres centrocampistas cuando es el jugador brasileño el que
acompaña a Kroos y Modric.
Si Casemiro ejerce como
mediocentro, presuponiendo que los del Cholo busquen arriba la salida blanca,
caben tres posibilidades. La primera, que sea el de Sao Paulo el que ejerza
como mediocentro real sacando la pelota desde atrás, es decir, que juegue a ser
Toni Kroos, lo cual resulta del todo improbable dada la evidente distancia
técnica, táctica y mental que hay entre teutón y brasileño para esta labor. La
segunda, que como sucediese ante el Wolfsburgo, Casemiro “limpie” la zona de
pivotes adelantando su posición hasta la de interiores, permitiendo así que, o
bien Kroos, o bien Modric, ejerzan como directores de orquesta. Tras lo visto en
el Volkswagen Arena, no parece ésta una decisión que Zidane guarde con buen
recuerdo. Casemiro no sabe recibir de espaldas y, además, la organización
defensiva de su equipo se resentía sobre manera al alterarse la disposición
habitual de sus trío central. La tercera y más probable consiste en que, a
la vez que Marcelo y Carvajal adelantan su posición, los centrales merengues se
abran para dejar el centro al brasileño, formando así una línea de tres que
aporte seguridad ante la pérdida y que favorezca la aparición del alemán o el croata en el centro.
En caso de que el Real
Madrid atacase a un equipo replegado, pocas dudas hay de que el concurso de
Kroos en el eje del sistema de Zidane sería el ideal para reventar el candado colchonero.
La opción Casemiro perdería entonces sentido como interior, ganando enteros la
presencia de Isco en el sector izquierdo. Es cierto que el Madrid perdería en
solvencia defensiva cuando el Atleti contraatacase, pero también lo es que el
momento actual de Pepe y, especialmente, un Sergio Ramos que parece haber
vuelto a mostrar su mejor versión y que siempre da lo mejor de sí mismo en las
noches de postín, son motivos que invitan a pensar en que el técnico francés pudiera sopesar subir la apuesta colocando de inicio al de Arroyo de la Miel sobre el césped de San Siro.
Aún con esas, todo lo que no sea un once con Casemiro como titular supondría
una sorpresa mayúscula. No hay otro jugador que defina mejor la pragmática apuesta
de Zinedine Zidane desde que se hiciese cargo del banquillo local del Bernabéu:
la solidez defensiva como vía por la que alcanzar el éxito.
De una u otra manera,
Atleti y Real se mirarán mañana a los ojos con la confianza del que sabe que
tiene todo para alcanzar la gloria. Unos lo harán desde el convencimiento de
acumular la rabia y el hambre necesarias para que la venganza sea consumada,
para que la victoria que por unos momentos fue, la misma que algunos aún no
creen haber dejado escapar, termine por fin de consumarse. Para que la sed de
sus fieles se vea por fin saciada. Otros lo harán con el pecho hinchado de
orgullo, con el grueso de la historia europea tatuada sobre él, con el
convencimiento de que no hay hambre en la hiena que pueda dar caza al rey de la
selva.
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