lunes, 10 de octubre de 2016

El guión de Tuchel y Zidane

Insistió Zidane con el recurrente sistema del mediapunta que empleó en dos de los últimos tres partidos de liga. Esta vez le tocó a James actuar como tal, pero su concurso tenía un sentido que no se le había encontrado en los anteriores envites. El colombiano, además de ser un conector inmediato para enlazar con la BBC en las contras blancas (el principal recurso del Real Madrid ayer en el Westfalenstadion), actuó como sombra del constante Weigl, origen de cada una de las construcciones amarillas.

El Madrid cedió sin miramientos la pelota a los locales, conscientes de que mientras Ronaldo y Benzema no realcen el vuelo será complicado recuperar unos mecanismos óptimos con posesión (a pesar de no estar aún a pleno rendimiento, sería injusto no decir que Cristiano jugó un buen partido de fútbol). Servía también la medida para explotar la ternura de la zaga germana, huérfana de patriarca tras la marcha de Hummels. Adquiría así el plan de Tuchel todo el sentido del que carecería de gozar los delanteros merengues de un pico de forma óptimo.

El revoloteo de los mediapuntas locales a la espalda de la línea medular que comandaban Kroos y Modric fue el mayor problema para los de Zidane, que vivieron el primer tiempo instalados sobre su parcela. Götze apareció con reiteración para sacar de sitio a Varane y Ramos, que dejaban un espacio que Aubameyang  o el fabuloso Dembélé atacaban con ahínco. Precisamente el francés, un demonio que regatea con la facilidad con la que sus compañeros la pasan a un lado, fue la vía de escape de la que los amarillos echaban mano cuando ninguna puerta se abría.

Una de las transiciones del Madrid y un fallo grosero de Keylor Navas significaron el empate a uno al descanso, en el que el Madrid respiró hondo y tomó consciencia de hacia donde debía conducir el choque. Con la pelota sus centrales dieron un paso atrás para hacer grande el campo y generar espacio a Kroos-Modric, que la tocaron con más continuidad que en el primer tiempo e hicieron sudar al conjunto teutón. Para dar continuidad al cambio en el plan blanco, Zidane dio entrada a Kovacic y recuperó el 4-3-3 habitual. Fueron los mejores minutos del Real Madrid en Dortmund, de los que nació el 1-2 que les ponía todo de cara.

Pero este BVB no es un proyecto cualquiera. Además de (mucha) calidad, proyección y un sistema al que agarrarse, cuentan con Thomas Tuchel, técnico cuya personalidad eclipsa a cuanto le rodea para terminar trascendiendo como el mejor de los futbolistas. Puso a Schürrle y dos niños, Pulisic y Emre Mor, para girar el campo y embotellar al Madrid sobre su área. Lo hicieron y, si bien el conjunto blanco pudo sentenciar al contragolpe, les sirvió para terminar empatando un partido en el que obligaron al vigente campeón a amoldarse a su dictamen. 

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