Formaba la BBC y eso lo cambia todo. No tanto por el nivel de la tripleta atacante, que había demostrado en los últimos partidos que su momento de forma no es el idóneo, sino por lo que implica que Benzema, Bale y Ronaldo estén sobre el campo. Por el Villareal porque sacó a un delantero del once para sumar un efectivo más en el centro, formando un triángulo con Bruno, Trigueros y Dos Santos. Además, la actitud de los castellonenses distó mucho de la que habían tenido los últimos dos rivales de los blancos. Escribá replegó sobre su campo y respiró con la pelota cuando le tocaba tenerla, lo cual no impidió que diese mucho sentido a sus pausadas circulaciones, impulsadas siempre por el pedazo de mediocentro que es Bruno Soriano. Y por el Madrid, porque salió fiando todo a que resolvieran los de arriba, restando importancia a pases básicos y con un porcentaje de imprecisiones no forzadas impropio de un partido de estas características.
El líder de la Liga se asentaba sin problemas sobre la mitad defendida por el Villareal, cuyo futbolistas más adelantado (Sansone) no rebasaba la altura de la pelota cuando los locales la movían en la base. Sin Modric, Kroos mandaba pero las continuaciones que iba encontrando no ofrecían soluciones creativas a la pesada posesión blanca, que si no moría por falta de fluidez en el juego lo hacía por lagunas mentales. Los de Escribá fueron fríos en su planteamiento y no radicalizaron sus intenciones en pos de aprovechar el bajo nivel madridista. Siguieron firmando un partido muy calculado, en el que las ocasiones acabaron cayendo por el simple hecho de que estaban siendo muy superiores a su rival. Así llegó un penalti, como podía haber llegado cualquier otra eventualidad propicia para sumar un gol al contador amarillo, que puso por delante al Villareal al filo del descanso.
Todo esto cambió nada más comenzar la segunda parte. El Real Madrid, expiado de su pereza como si Zidane hubiese oficiado una suerte de exorcismo en forma de charla en el tiempo de descanso, entró a los segundos cuarenta y cinco minutos como si solo fuesen a disputarse diez, mostrando esa versión casi mística que aplasta sin miramientos a sus rivales contra su propia portería. Lo sufrió el Villareal, amansado por el fuste de Ramos y Varane, que volvieron a ser Ramos y Varane después de un primer tiempo de estrépito, y ejecutado por la batuta del más voluntarioso y mejor James de los últimos meses.
Hizo la igualada Ramos a la salida de un córner, en lo que fue la enésima prueba de que el sevillano es el mejor guionista de partidos de la historia reciente: había cometido mano en la acción que propició el penalti del 0-1. El Real siguió empujando con ahínco y mejor fútbol, aunque el paso de los minutos hizo que las pulsaciones bajasen para luego volver a repuntar en el tramo final. Repitió Zidane con el combo Lucas-Morata en los cambios, y aunque se hicieron notar, fueron insuficientes para derribar la muralla que edificó Sergio Asenjo sobre su área. Si el centro fue el recurso por excelencia de los blancos, la salida o la atajada del meta español fue la réplica más recurrente. No pudo consolidarse la épica en forma de más goles y el Villareal puso el punto final a una racha triunfal que el Madrid buscará retomar el próximo sábado en Las Palmas.
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