Los de Enrique Martín buscaron poblar la zona media adelantando a la zaga y sosteniendo a sus tres centrocampistas, construyendo así un armazón que dificultaba la circulación interior local pero que dejaba desguarnecido el espacio entre sus centrales y Nauzet. Lo aprovechó el Madrid en el gol de Cristiano y pudo repetir en sendos envíos de sus especialistas. El Madrid potenció la eventualidad retrasando la posición de sus interiores, de manera que se generase espacio para sus tres lanzas de arriba y así alguno de sus especialistas pudiese soltar el envío largo. Fue el parque que tapó un mediocre primer tiempo del Madrid.
Osasuna logró crear alguna ocasión gracias al toque de Miguel de las Cuevas, especialmente punzante en la pelota parada. Entre tanto, el Madrid no necesitaba de grandes esfuerzos para plantarse en el área de los pamplonicas dado lo favorable del contexto para sus intereses: se marchó al descanso con un 0 a 3 obtenido casi por inercia.
Aunque también tiene algo de culpa la gestión del balón parado que está acometiendo Zidane. De la pizarra del francés salieron tanto el tercero como el cuarto, ambos en saques de esquina botados por Kroos. Si bien es cierto que el alemán, junto a la amalgama de rematadores imponentes de la que presume el club de Concha Espina, supone un argumento de considerable peso a la hora de valorar la productividad de este aspecto en el global del Real Madrid, no se puede obviar el trabajo de optimización que ha abordado el francés desde su llegada al banquillo.
La última media hora dejó, además de los primeros minutos en la temporada de Benzema, un gol de categoría de Modric, un penalti atajado por Casilla y dos tantos de cabeza de Osasuna, que aprovechó la laxitud de los minutos restantes para frecuentar el feudo contrario.
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