domingo, 18 de septiembre de 2016

Turbulenta épica

A falta del regreso de Keylor Navas, el Real Madrid afrontaba el primer partido de la Champions League 2016-2017 con su once de gala al completo, BBC incluida. La conjetura vislumbraba ciertos visos de toma de contacto, pues Ronaldo y Benzema están aún lejos de su mejor forma. A pesar de ello, Zidane optó por poner en liza a “su” once. En la Champions no hay momento para las conjeturas. La “Undécima” no será para el francés motivo de acomodamiento o exceso de confianza, sabedor él del peligro que puede acarrear un título de este calibre en la mentalidad del futbolista.
Jorge Jesús es un perro viejo curtido en mil y una batallas, y como tal, atacó de manera frontal a la habitual vía de dominio blanca. Situó una línea de cinco en el centro, con Bruno César sobre Kroos y Adrien Silva con Modric, dejando a William Carvalho como coche escoba por detrás. Los minutos iniciales fueron rugosos para los blancos, tanto por la firmeza de la propuesta lisboeta como por la soltura con que manejaron sus no escasas fases con balón. Mención especial merece el partido de Gelson Martins, que volvió loco a Marcelo y a quién osó salir a su paso.
Casemiro, al que en ocasiones salía a tapar Carvalho, era incapaz de romper esa muralla de cinco que los visitantes habían plantado en la medular, y los laterales estaban capados por el marcaje al que les sometían sus pares lusos, por lo que no podían recibir pero tampoco ganaban altura para dar espacio a Kroos y Modric. Con el cacao que había montado, el Madrid se conformaba con aceptar su papel pasivo, confiando en su poderío defensivo y esperando poder aprovechar los espacios cuando la pelota volvía a su poder.
Con Bale defendiendo su propia área y Benzema y Ronaldo sin tino para enlazar alguna salida hacia la meta de Rui Patricio, el Madrid vivió anclado sobre su propio campo durante la mayor parte del primer tiempo. Al Sporting solo le faltó creérselo para crear auténticas ocasiones de gol: cuando coqueteaban en la frontal, priorizaron chutar sin buscar una situación más ventajosa.
Y fue con un balón rebotado como dieron con la idónea. Le cayó al comienzo del segundo tiempo a Bruno César, y replicó en el marcador la diferencia que había sobre el verde. Apenas sirvió para agitar el ánimo merengue, que no el juego. Ese no varió hasta que Morata y Lucas sustituyeron a Benzema y Bale. Los españoles aportaron otro aire a un ataque demasiado lastrado por el bajo nivel de Ronaldo, que ni en sus peores tardes renuncia a su particular cuota de protagonismo, y que siguió en el partido, simple y llanamente, porque se le caen los goles de los bolsillos.
Lo certificó solo unos minutos después con un tremendo golazo de falta, que dejó los minutos finales para el típico asedio merengue en noches europeas de este calado. El historial madridista en este tipo de situaciones pedía algo más, y pese a que el fútbol no se lo iba a dar, sí lo hizo la mística: con el tiempo prácticamente cumplido, James la colgó desde la izquierda para que Morata cabecease el balón que daría la victoria al Real Madrid en una de sus noches más negras.

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