Hizo Zidane un intercambio entre genio y aspirante
croata en el once respecto al que puso en liza en el envite de Anoeta. En el
resto, más de lo mismo: “Casemirosistema”, recambios a la espera de la primera
línea, y Asensio sumando créditos a ritmo de graduado en un solo curso. James,
en una onda aparte, sigue ojeando el catálogo de ofertas que le ofrece esta
suerte de universidad llamada fútbol.
El Celta llegaba con resquemor. Y encima, al
Bernabéu. Hace solo una semana el honroso Leganés había destapado todas las
vergüenzas de los de Berizzo. La solución: Aspas y Sisto fuera, uno más al
medio, y a ensuciar una calurosa tarde en la Castellana. El “Tucu”, en los
minutos iniciales, daba la razón al técnico argentino.
Los ayer azulones trataron, cuando no tenían la
pelota, de precipitar a los blancos cuando ellos la movían. Solo Morata arriba
lograba dar aire a los inocuos ataques del Madrid. Con balón, los de Vigo
dormían el tiempo en un intento de precipitar la presión local. En ambas situaciones,
el camino que trazaban hacia el gol era el mismo: salida fugaz con Bongonda
aprovechando el agujero en el lateral y Guidetti y Wass cargando el área.
El Madrid sabía que tanto ganar como perder estaba
en su mano. La presión del Celta obligaba a no bajar la guardia, y a la espera
de que Modric y Kroos comenzasen a imponer su sino, los de Zidane se daban a la
verticalidad.
El uno por uno que
proponían los gallegos estaba creando verdaderas dificultades a la falta de
acierto en el gesto técnico de los blancos, que siguen adoleciendo del mismo déficit de estructura colectiva con pelota que solucione tesituras como ésta en los
días más grises. Solo Modric lograba girar al Celta cuando le daba por agitar
su varita.
El primer gol llegó en una presión sobre la reposada salida
del Celta, que seguía poniendo la zanahoria delante a los de Zidane para que rompiesen
líneas en manada. Cuando el partido parecía cuesta abajo para el Madrid, que
iba a ver como todas sus dificultades se desvanecían de golpe por la
incompatibilidad del plan vigués con el marcador, Orellana hizo un gran gol que
devolvía el encuentro a donde estaba.
James y Lucas entraron donde Asensio y Modric, sin
ritmo para más. La velocidad del partido se endiablaba cada vez que el Madrid
la tenía, mientras el Celta seguía tratando de echar el ancla. Bale y Marcelo estaban fuera
y James seguía buscándose, así que Zidane metió la directa metiendo a Mariano.
Si no se podía construir un camino, al menos había que acortarlo.
Terminó llegando el dos a uno en una jugada a
trompicones, en la que James la perdió y la recuperó en cuestión de dos
segundos, Lucas se paró, y vio a al panzer Kroos llegando solo a la frontal. A
partir de ahí, un lanzamiento de bolera: rodadita, con la curva justa, y al palo. Strike.
No fue ni mucho menos un partido en el que el Madrid
luciera. Más bien lo contrario. No obstante, dada la cuantía de las bajas, así
como el nivel de forma de varios de sus jugadores importantes (Marcelo, Modric,
Bale), ganar sigue siendo el mejor valor que este equipo puede presentar. A
partir de ahí, si los resultados le siguen acompañando, llegarán los
futbolistas, los picos de forma, y su nivel.
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