lunes, 22 de agosto de 2016

El esfuerzo como sistema

Ganaba por un gol a cero el Real Madrid cuando solo se había jugado minuto y medio de partido.  Y seguramente lo fuese haciendo desde antes de que el árbitro diese la orden para que el balón comenzase a rodar. En ningún momento fue cuestionable la victoria de los blancos en feudo donostiarra. Faltó solo que Zidane se congratulase por los tres puntos en la rueda de prensa previa al encuentro, la que dio en Valdebebas. Con el Madrid jugando como lo hizo, y ante esta Real Sociedad, solo cabía ganar.

Lo hicieron los de Chamartín sin cinco piezas de su once titular. Quizá por esto, salieron a Anotea con una premisa principal. Por delante de tácticas, dibujos o estrategias, Zidane había tildado a un factor de innegociable: el esfuerzo. Fue visible en todos y cada uno de los futbolistas del Madrid. Desde los que atravesaron una tarde aciaga (Ramos, Marcelo), hasta los que llevaron la premisa al paroxismo (Casemiro).

No se imponía el Madrid con la pelota en un partido en el que no estaban Modric, Isco o Benzema, lo cual no era noticia. La tenía lo que quería Kroos, que no es poco. Pero la Real Sociedad estaba abajo en el marcador, así que se animaba, enaltecida por el fervor donostiarra en fiestas, a presionar arriba. Derivaba esto en muchos metros entre la zaga del equipo local y su portero, escenario goloso para el nervio de Asensio, los jugueteos de Bale y el partidazo de Morata. El delantero dejó en la urna zidanesca su candidatura a suplente de oro, y lo que surja, de la BBC. Junto con el show de "stopping" de Casemiro en el medio —favorecido por la cadidez de los de Eusebio—, lo mejor del Madrid. 

Los ataques del Madrid eran directos, rápidos y concisos. La portería como principio y fin, sin entretiempos que valgan. Cuando no había pelota con la que enebrar acciones de ataque, los de Zidane se organizaban con una línea de cinco por delante de la defensa, con Bale cerrando la diestra como si se jugase en el Camp Nou y en lugar de guardar la espalda a Morata y Asensio, lo hiciese con Benzema y Cristiano. Los tres del medio formaban una V inamovible, en la que Kovacic solo se descolgó en sus típicas incursiones cuando el encuentro atravesó una fase de intercambio de golpes al poco de comenzar el segundo tiempo. El croata, paradigma en su partido de lo que Zidane pidió a sus chicos, fue prácticamente por vez primera desde que aterrizó en España más jugador de fútbol que de highlights.

Con 2-0 arriba (sublime toque de clase de Asensio, alarmante inoperancia de los centrales de Eusebio) el Madrid no tenía ningún reparo en replegar y seguir esperando a que la chispa casi adolescente de sus tres atacantes hiciera sangre. Solo Oiarzabal hacía dudar a los blancos cuando picoteaba entre Ramos y Marcelo. De sus botas nacía todo lo diferencial del ataque de los de San Sebastián, acompañado en el impás por el buen hacer de un suplente William José. Varane, a un nivel que no se le recordaba (no deja de ser curioso: apenas cuenta 23 primaveras), apagó los tímidos fuegos que surgían en torno a Casilla.

Cuando el partido pedía la hora, Bale hizo el tercero en una escapada traviesa. Partido tremendamente serio de un Madrid semi "B", pero con un condicionante amplio: su rival. La Real Sociedad es un equipo coqueto que puntuaría el doble si al fútbol se jugase sin porterías. Por ello, y sin restar mérito al notable rendimiento blanco (21 de agosto), habrá que esperar unas cuantas jornadas para confirmar que el nivel del Real Madrid es el de este 0-3.



No hay comentarios:

Publicar un comentario