viernes, 23 de septiembre de 2016

Cal y arena en el Bernabéu

Formaba la BBC y eso lo cambia todo.  No tanto por el nivel de la tripleta atacante, que había demostrado en los últimos partidos que su momento de forma no es el idóneo, sino por lo que implica que Benzema, Bale y Ronaldo estén sobre el campo. Por el Villareal porque sacó a un delantero del once para sumar un efectivo más en el centro, formando un triángulo con Bruno, Trigueros y Dos Santos. Además, la actitud de los castellonenses distó mucho de la que habían tenido los últimos dos rivales de los blancos. Escribá replegó sobre su campo y respiró con la pelota cuando le tocaba tenerla, lo cual no impidió que diese mucho sentido a sus pausadas circulaciones, impulsadas siempre por el pedazo de mediocentro que es Bruno Soriano. Y por el Madrid, porque salió fiando todo a que resolvieran los de arriba, restando importancia a pases básicos y con un porcentaje de imprecisiones no forzadas impropio de un partido de estas características.

El líder de la Liga se asentaba sin problemas sobre la mitad defendida por el Villareal, cuyo futbolistas más adelantado (Sansone) no rebasaba la altura de la pelota cuando los locales la movían en la base. Sin Modric, Kroos mandaba pero las continuaciones que iba encontrando no ofrecían soluciones creativas a la pesada posesión blanca, que si no moría por falta de fluidez en el juego lo hacía por lagunas mentales. Los de Escribá fueron fríos en su planteamiento y no radicalizaron sus intenciones en pos de aprovechar el bajo nivel madridista. Siguieron firmando un partido muy calculado, en el que las ocasiones acabaron cayendo por el simple hecho de que estaban siendo muy superiores a su rival. Así llegó un penalti, como podía haber llegado cualquier otra eventualidad propicia para sumar un gol al contador amarillo, que puso por delante al Villareal al filo del descanso.

Todo esto cambió nada más comenzar la segunda parte. El Real Madrid, expiado de su pereza como si Zidane hubiese oficiado una suerte de exorcismo en forma de charla en el tiempo de descanso, entró a los segundos cuarenta y cinco minutos como si solo fuesen a disputarse diez, mostrando esa versión casi mística que aplasta sin miramientos a sus rivales contra su propia portería. Lo sufrió el Villareal, amansado por el fuste de Ramos y Varane, que volvieron a ser Ramos y Varane después de un primer tiempo de estrépito, y ejecutado por la batuta del más voluntarioso y mejor James de los últimos meses.

Hizo la igualada Ramos a la salida de un córner, en lo que fue la enésima prueba de que el sevillano es el mejor guionista de partidos de la historia reciente: había cometido mano en la acción que propició el penalti del 0-1. El Real siguió empujando con ahínco y mejor fútbol, aunque el paso de los minutos hizo que las pulsaciones bajasen para luego volver a repuntar en el tramo final. Repitió Zidane con el combo Lucas-Morata en los cambios, y aunque se hicieron notar, fueron insuficientes para derribar la muralla que edificó Sergio Asenjo sobre su área. Si el centro fue el recurso por excelencia de los blancos, la salida o la atajada del meta español fue la réplica más recurrente. No pudo consolidarse la épica en forma de más goles y el Villareal puso el punto final a una racha triunfal que el Madrid buscará retomar el próximo sábado en Las Palmas. 

James embiste, Isco asienta

La inclusión de James Rodríguez en lugar de Kroos desembocó en una novedad sustancial en la formación del Real Madrid. El colombiano formó como mediapunta, con lo que el centro del campo que habitualmente es de tres pasó a ser una especie de doble pivote compuesto por Casemiro y un Luka Modric que levitaba en su órbita. La medida podía suscitar dudas en torno a la ocupación de los espacios en fase defensiva, pero los voluntariosos Lucas y Asensio compensaron con disciplina.

La lesión de Casemiro a los veinte minutos de partido, con el consecuente ingreso de Kroos al partido, no tuvo consecuencias palpables sobre planteamiento inicial. Sí recibió el plus que implica que el alemán sea el encargado de gestionar las posesiones blancas. El problema estaba en que el Madrid no la tenía, lo que dejaba en estéril el cambio de piezas en el centro del campo. El Espanyol no suscitaba especial peligro cuando la movía, pero sí lo hacía cuando la perdía mediante una presión que embarraba la transición limpia del Madrid. Pasada la media hora de encuentro, Asensio, Lucas y Benzema no habían podido dejar constancia de su presencia.

Pero entonces comenzaron a intervenir con continuidad y acierto la pareja de maquinistas del Madrid, que pareció caer en la cuenta de que sin Casemiro y con James por delante había más espacio para moverse y más opciones para avanzar. Fueron ellos los que, pasito a pasito, dieron la vuelta al calcetín, con la ayuda de un Ramos que pasó a ejercer “de Casemiro”.

Con la pelota instalada en la mitad local, los atacantes del conjunto merengue comenzaron a intervenir de manera constante. Uno de ellos era James, que en una recepción en las inmediaciones del área perica, se zafó de Diop con un caño aparatoso e hizo un gol que no estaba ahí. Va con el concurso del “10” del Madrid: produce goles con una facilidad pasmosa, indigna para un centrocampista.

El Real coqueteaba con la pelota cuando la tenía, y dejaba la sensación de que el segundo era cuestión de querer. Las pérdidas eran más por demérito propio que por buen hacer de los de Sánchez Flores, pero la escasez del botín que atesoraban los visitantes urgían a Zidane a tomar alguna decisión. Metió a Isco por James y la calidad de la posesión mejoró con la constancia en las intervenciones del malagueño. En sus botas se originó la jugada del 0-2, en la que Lucas asistió con precisión la entrada al primer palo de Benzema. La posición más retrasada de Isco, que devolvió al Madrid al 4-3-3, propició que el Espanyol tuviese serias dificultades para sumar segundos con la pelota. Los aglutinó todos el Madrid, que durmió el encuentro hasta que dejó de respirar.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Turbulenta épica

A falta del regreso de Keylor Navas, el Real Madrid afrontaba el primer partido de la Champions League 2016-2017 con su once de gala al completo, BBC incluida. La conjetura vislumbraba ciertos visos de toma de contacto, pues Ronaldo y Benzema están aún lejos de su mejor forma. A pesar de ello, Zidane optó por poner en liza a “su” once. En la Champions no hay momento para las conjeturas. La “Undécima” no será para el francés motivo de acomodamiento o exceso de confianza, sabedor él del peligro que puede acarrear un título de este calibre en la mentalidad del futbolista.
Jorge Jesús es un perro viejo curtido en mil y una batallas, y como tal, atacó de manera frontal a la habitual vía de dominio blanca. Situó una línea de cinco en el centro, con Bruno César sobre Kroos y Adrien Silva con Modric, dejando a William Carvalho como coche escoba por detrás. Los minutos iniciales fueron rugosos para los blancos, tanto por la firmeza de la propuesta lisboeta como por la soltura con que manejaron sus no escasas fases con balón. Mención especial merece el partido de Gelson Martins, que volvió loco a Marcelo y a quién osó salir a su paso.
Casemiro, al que en ocasiones salía a tapar Carvalho, era incapaz de romper esa muralla de cinco que los visitantes habían plantado en la medular, y los laterales estaban capados por el marcaje al que les sometían sus pares lusos, por lo que no podían recibir pero tampoco ganaban altura para dar espacio a Kroos y Modric. Con el cacao que había montado, el Madrid se conformaba con aceptar su papel pasivo, confiando en su poderío defensivo y esperando poder aprovechar los espacios cuando la pelota volvía a su poder.
Con Bale defendiendo su propia área y Benzema y Ronaldo sin tino para enlazar alguna salida hacia la meta de Rui Patricio, el Madrid vivió anclado sobre su propio campo durante la mayor parte del primer tiempo. Al Sporting solo le faltó creérselo para crear auténticas ocasiones de gol: cuando coqueteaban en la frontal, priorizaron chutar sin buscar una situación más ventajosa.
Y fue con un balón rebotado como dieron con la idónea. Le cayó al comienzo del segundo tiempo a Bruno César, y replicó en el marcador la diferencia que había sobre el verde. Apenas sirvió para agitar el ánimo merengue, que no el juego. Ese no varió hasta que Morata y Lucas sustituyeron a Benzema y Bale. Los españoles aportaron otro aire a un ataque demasiado lastrado por el bajo nivel de Ronaldo, que ni en sus peores tardes renuncia a su particular cuota de protagonismo, y que siguió en el partido, simple y llanamente, porque se le caen los goles de los bolsillos.
Lo certificó solo unos minutos después con un tremendo golazo de falta, que dejó los minutos finales para el típico asedio merengue en noches europeas de este calado. El historial madridista en este tipo de situaciones pedía algo más, y pese a que el fútbol no se lo iba a dar, sí lo hizo la mística: con el tiempo prácticamente cumplido, James la colgó desde la izquierda para que Morata cabecease el balón que daría la victoria al Real Madrid en una de sus noches más negras.

martes, 13 de septiembre de 2016

A la espalda de Osasuna

Cuando el calor y un resbalón de Modric eran la única incomodidad en lo que parecía una plácida tarde para los blancos en su feudo, llegó Ronaldo y sumó el primer palito a su particular cuenta anotadora de esta nueva campaña a la que se acaba de incorporar. Llegó por medio de un balón a la espalda de la defensa de Osasuna, con un exceso de ingenuidad ante la ruptura de todo un Gareth Bale, que permitió a Ronaldo hacer los honores.


Los de Enrique Martín buscaron poblar la zona media adelantando a la zaga y sosteniendo a sus tres centrocampistas, construyendo así un armazón que dificultaba la circulación interior local pero que dejaba desguarnecido el espacio entre sus centrales y Nauzet. Lo aprovechó el Madrid en el gol de Cristiano y pudo repetir en sendos envíos de sus especialistas. El Madrid potenció la eventualidad retrasando la posición de sus interiores, de manera que se generase espacio para sus tres lanzas de arriba y así alguno de sus especialistas pudiese soltar el envío largo. Fue el parque que tapó un mediocre primer tiempo del Madrid.
Osasuna logró crear alguna ocasión gracias al toque de Miguel de las Cuevas, especialmente punzante en la pelota parada. Entre tanto, el Madrid no necesitaba de grandes esfuerzos para plantarse en el área de los pamplonicas dado lo favorable del contexto para sus intereses: se marchó al descanso con un 0 a 3 obtenido casi por inercia.
Aunque también tiene algo de culpa la gestión del balón parado que está acometiendo Zidane. De la pizarra del francés salieron tanto el tercero como el cuarto, ambos en saques de esquina botados por Kroos. Si bien es cierto que el alemán, junto a la amalgama de rematadores imponentes de la que presume el club de Concha Espina, supone un argumento de considerable peso a la hora de valorar la productividad de este aspecto en el global del Real Madrid, no se puede obviar el trabajo de optimización que ha abordado el francés desde su llegada al banquillo.
La última media hora dejó, además de los primeros minutos en la temporada de Benzema, un gol de categoría de Modric, un penalti atajado por Casilla y dos tantos de cabeza de Osasuna, que aprovechó la laxitud de los minutos restantes para frecuentar el feudo contrario.