martes, 26 de abril de 2016

Dos problemas

La Champions League es una competición extremadamente cruda. Un paso en falso, un fallo de concentración, y castiga con el mayor de los azotes. Sin clemencia. El Manchester City recibió varios de estos golpes en las últimas temporadas cuando su exuberante proyecto estaba aún demasiado verde (si es que en algún momento ha dejado de estarlo). A base de caer aprendió la lección, y decidió que el que hasta hace nada fuese su jugador franquicia, Yayá Toure, sería carne de banquillo. El Real Madrid, tras 6 años consecutivos en semifinales, ya tenía este camino andado.

En base a la priorización extrema de la competitividad como colectivo que unas "semis" de Champions exigen, City y Madrid dejaron un partido falto de pimienta, cuyos primeros 70 minutos difícilmente levantarían del sillón al espectador neutral.

Los de Zidane elaboraban con paciencia desde su propia área a pesar de la insistente presión citizien, que liberaba a Pepe y Ramos (un flan con el balón en los pies) mientras encimaba a la tripleta del mediocampo merengue. A menudo fue Casemiro el que bajó a recibir cerca de los centrales, donde su inseguridad en el envío vertical costó más de un susto a los suyos. Un partido más, la dificultad para distribuir con fluidez la colocación de Casemiro, Kroos y Modric fue latente, si bien los problemas que ésta acarrea se vieron mayoritariamente suplantados por las buenas actuaciones individuales de los centrocampistas. Mención especial al partido del alemán, que aportó empaque presionando al receptor y marcó siempre el ritmo que el Madrid necesitaba en cada momento. Después de haber jugado 15 minutos a gran nivel (del 70 al 85), los blancos bajaron el pistón, curiosamente, tras la sustitución de Toni Kroos.

El otro problema de mayor impacto para el Real Madrid fue la ausencia de un receptor entre líneas. Una vez que la pelota llegaba a los pies de Modric el equipo se asentaba arriba. El croata levantaba la cabeza y encontraba tanto a Casemiro como a Kroos en la misma línea de pase. El escalonamiento era inexistente. Tan solo Bale consiguió ejercer de eslabón en zona de tres cuartos, aunque la buena actuación de Otamendi y especialmente Kompany lastraran sus generosas intentonas. El partido pedía a voces a Isco, aunque se entiende su participación testimonial partiendo de la base de que el Madrid priorizase la estabilidad defensiva, en cuanto a que su productividad atacante era ya suficiente como para conseguir el gol. No había urgencias que llevasen al técnico madridista a arriesgar sacando del campo a Vázquez o a Casemiro. El Madrid fue netamente superior. Solo la presencia de Joe Hart impidió que el Real se llevase una victoria del Ettihad. Primero Casemiro, y luego Pepe, gozaron de las más claras del choque, ambas fruto de saques de esquina.


Como era de esperar, Kevin De Bruyne dejó una actuación acorde a lo que ya es: una estrella que marca diferencias en cada partido. Fue el único jugador del conjunto dirigido por Manuel Pellegrini que causó verdadero temor al bloque blanco con sus toques en las inmediaciones del área. Balones al espacio, veneno en el uno contra uno, un guante para ponerla a balón parado… El belga fue la pieza que hizo temblar, por momentos, al sistema defensivo merengue. Apuntado esto, se debe dejar claro lo siguiente: el Manchester City no gozó de ninguna ocasión de gol que hiciese peligrar el cero en la portería defendida por Keylor Navas. El Madrid sabe cómo se compite en la Champions. 

jueves, 21 de abril de 2016

Reorientación

El Real Madrid jugó ayer, 20 de abril, el que posiblemente sea el mejor partido liguero de lo que va de temporada. Ganó por tres a cero al rocoso Villareal de Marcelino, y lo hizo con la solvencia propia de un aspirante a todo al que, además, le faltaban algunas de sus piezas clave. El Madrid ayer sí que transmitió hechuras de candidato real a la Champions League.

La principal diferencia respecto a lo visto recientemente estribó en el cambio de situación del que venía siendo la pieza suelta en el engranaje de Zidane: la situación de su mediocentro titular, Casemiro, en la salida de balón. Si frente al Wolfsburgo, por poner un ejemplo meridiano de lo que se comenta, vimos como el brasileño alzaba su posición hasta casi ejercer como falso mediapunta, ayer trazó el movimiento opuesto; Casemiro se plantaba entre centrales mientras los laterales alzaban su posición hasta la altura de medios, permitiendo a Kroos y Modric centrar mucho su posición y ejercer como directores de orquesta en la tarea. Fruto del cambio, tanto el alemán como el balcánico firmaron actuaciones de primerísimo nivel. Del que les corresponde.

En el debe podría señalarse a Keylor, cuyo nivel con el balón en los pies sigue distando mucho de lo que un conjunto que pretende lo que el de Zidane necesita en la portería. La presión adelantada que los de García Toral intentaron durante la primera parte derivó en sendos pelotazos del tico, si bien el pase que Adrián y Bakambu le dejaban libre era el de Casemiro, en el borde del área y de espaldas los once jugadores del Villareal.


La medida adoptada por Zizou hizo que los Kroos y Modric, a la par que orquestaban la salida de pelota, llegasen con continuidad a la frontal del área defendida por Asenjo. Desde allí, el primero ordenaba a los suyos en campo contrario, mientras el segundo se infló a filtrar balones entre la zaga amarilla. La pelota circulaba con sentido, los pases frontales fruto de las prisas no fueron una constante (como sí venía ocurriendo), y la posibilidad de mandar un balonazo a Gareth Bale para que éste se jugase la individualidad no existía, así que el Madrid hizo lo que sabe, pero parecía haber olvidado: utilizar el pase corto como matriz de su plan de juego. 

sábado, 16 de abril de 2016

¿De vuelta?

El partido del Coliseum bien puede haber sido una de las tres tardes más plácidas de lo que va de temporada para el Real Madrid 2015/2016. El Getafe presentó resistencia nula, Pablo Sarabia a un lado, regalando latifundios demasiado golosos para la tripleta atacante blanca. Puntos aparte, lo más rescatable del choque fue el papel positivo que tuvieron los dos grandes borrones de la plantilla de Zidane, James e Isco.

El colombiano jugó como interior izquierdo, donde últimamente lo venía haciendo Kroos, hoy mediocentro ante la ausencia de Casemiro. Loar la ilimitada capacidad para generar goles de su pierna izquierda resulta ya una obviedad; en los tramos de campaña en que se movía como un exfutbolista seguían cayéndosele los goles de ella. Hoy sí, sus movimientos entramaron un sentido más parecido a lo que todo el mundo espera de James Rodríguez. Apoyaba a Kroos y Marcelo para edificar en la izquierda, para terminar asomándose al balcón del área a juguetear con su zurda. Tanto con balón como sin él reflejó haber ganado ritmo, déficit que le estaba costando demasiados segundos en cada una de sus acciones.

El interior derecho quedó para Isco. La ausencia de Modric, capitán general en la salida de pelota madridista, animó al malagueño a sumar un alto número de pases en el nacimiento de la jugada. En base a tocar y tocar la pelota, lo que al fin y al cabo demanda el ‘22’ para dar su nivel más alto, se pudo ver una versión afín a lo que es el futbolista. Un 97 por ciento de efectividad en el pase refleja a la perfección lo que fue su partido.


Tal y como se comentó al principio, las conclusiones no deben tomarse a la ligera por las facilidades que presentó su contrincante, pero sí que invitan al optimismo respecto a lo visto recientemente. Son piezas básicas para que el potencial nivel de juego del Madrid alcance su verdadero cénit. Y parece claro que Zidane lo sabe. 

miércoles, 13 de abril de 2016

Real Cristiano

Cristiano corre a celebrar su tercer gol.

No fue el mejor partido del Real Madrid de Zidane. Pero fue suficiente, e hizo justicia al nivel de uno y otro equipo. Tras un inicio donde la calma de la que el francés habló en la previa se vio más como voluntad que como realidad, el Real Madrid consiguió dos goles que le liberaban del yugo en forma de presión con el que arrancaban el choque. Más que por juego y merecimiento propio, encontró estos dos tantos porque cuenta con el mejor entre los terrícolas. Cristiano Ronaldo es el clavo ardiendo al que su equipo puede agarrarse para seguir creyendo en esta Champions.

Tras el 2-0 llegó el hastío. El trabajo parecía encarrilado, y los de Zidane creyeron que, como había hecho con los dos primeros, Cristiano no tardaría en vaciar el cargador para hacer otro par más. El Madrid, tras quince minutos iniciales de buena presión tras pérdida en campo rival, reculó veinte metros hasta apostarse sobre su área. Lejos de encontrar seguridad frente a las peligrosas contras germanas, sufrió a un Wolfsburgo que bien pudo hacer el gol que volase todo por los aires.

La circulación de pelota del Real no asustaba. Kroos y Modric reculaban hasta la base de la jugada para hacer suyo el primer pase, mientras Casemiro se situaba como si fuese Isco o James, pero con la diferencia de que no lo hacía para recibir y girar, sino para apartarse de la pelota. Para no molestar. En el fútbol todo está unido por la misma cuerda: si atacas bien, estarás mejor situado para hacerlo bien en defensa. Con esta disposición, que sacaba de su parcela a los 3 centrocampistas blancos, la pérdida tornaba en problema. Contexto donde, por otra parte, Casemiro luce como el que más. La duda estriba en si sería necesario un bombero en caso de no haber tantos fuegos.

A falta de media hora para el final, el Madrid se detuvo y reflexionó. Hacía falta buscar el gol. No ya solo por elucubraciones matemáticas en caso de sufrir uno en contra, sino por hacer saber al Wolfsburgo quién mandaba sobre el verde del Bernabéu. Con un centro del campo que no acompañaba lo suficiente, la tarea quedaba encomendada a los tres tenores de arriba. Bale, que sufrió durante todo el partido la escasa influencia de Luka sobre el sector derecho, redujo su concurso a magistrales salidas de situaciones en clara inferioridad numérica y posicional, finalizadas casi siempre con un cambio de orientación. Además, el enérgico Carvajal se encargó de monopolizar el dominio del carril, y al no asentar el Madrid los ataques arriba, el galés no llegaba a acompañar a su lateral. Benzema, que fue el mejor, pasó demasiado tiempo pegado a la izquierda. Inquieta pensar en el daño que podría haber hecho de haber participado más entre Dante y Naldo.

Y luego está Cristiano. El astro portugués, que cuajó un partido discreto, cogió el guion de la eliminatoria para reescribirlo a su antojo, anotando un triplete histórico que lo sitúa con dieciséis irreales goles tras diez partidos disputados. Su más cercano competidor, Suárez, lleva ocho.


Tras una irregular temporada, el Real Madrid está, por sexto año consecutivo, entre los cuatro mejores equipos de Europa. Bien haría en mirar su hazaña con un poco de perspectiva. No hace mucho, los octavos de final eran una maldición, y jugar frente al Olympique de Lyon o la Roma, motivo suficiente para echarse a temblar y temer lo peor. Cristiano ha dado la vuelta a esto como lo que es. Un número uno, empequeñecido por la figura de algo que no debería tener comparación. Y aun así la tiene.  

lunes, 11 de abril de 2016

El plan de la sexta



“Tenemos que marcar pero tenemos noventa minutos o más para hacerlo, no cinco. El mensaje es paciencia”. Zidane lo tiene claro. El Madrid no estará en semifinales por obra y gracia de la enésima ofrenda a Juanito. El camino, como no podía ser de otra manera, lo marca la única ventaja con la que recibe al Wolfsburgo: su plantilla. Aportar un contexto de partido que potencie a sus jugadores (evitando estampas como la de ver a su jugador franquicia limitado a pelear centros laterales con los dos centrales), a la par que los aleja de la vorágine de testosterona y adrenalina que un Bernabéu como el de esta noche puede infundir, es la tarea que el francés tendrá hoy marcada en rojo.

El Madrid no lo tendrá nada fácil. Un gol de los teutones, situación ni mucho menos descartable a tenor de lo visto en la ida, haría de la sexta semifinal consecutiva una suerte de utopía para los de Chamartín. El Real jugará, por tanto, priorizando no conceder antes que arremeter con desenfreno. Idea que, por otro lado, casa a la perfección con el fútbol del que Zidane gusta hacer gala siempre y cuando no tenga a Messi delante. Entra aquí en juego el factor emocional, que sin duda será de capital importancia, para bien y para mal, mañana en el Bernabéu. Un gol calmará el fervor de hinchada y jugadores, mostrará la luz al final del túnel. El paso de los minutos con un cero en el casillero impacientará a ambos, llevando al Madrid a abandonar su plan inicial y a forzar que sucedan cosas en las áreas.

Casemiro, James o Isco


Son dos los motivos que llevan a imaginar a Casemiro como titular. El primero, el que lo ha convertido en fijo para su entrenador: su aportación defensiva. Con Ramos en uno de los peores estados de forma que se le recuerdan, y Pepe y Varane lejos de su plenitud física, su agresividad y dominio del juego aéreo como salvavidas para la pareja de centrales madridista se antojan necesarios. El segundo, el ideal que transmite. La entrada de James o Isco, mucho más relacionados con el gol y el manejo de la pelota que el brasileño, supondría exteriorizar el mensaje del que Zidane rehuyó continuamente ayer. 

miércoles, 6 de abril de 2016

La casa por el tejado

Gareth Bale cae ante la defensa del Wolfsburgo
El dominio de la situación y del rival por parte del Real Madrid no tardó en certificarse. En el tramo inicial del primer tiempo, los blancos ya habían generado peligro suficiente como para haber dejado encarado el partido marcando el primero fuera de casa. Con Kroos y Modric imponiendo su ley como interiores muy móviles, el Madrid movía la pelota con fluidez y criterio, mientras Benzema administraba ataques desde la frontal y Marcelo comenzaba su show particular.

Casi por accidente, el Wolfsburgo encontró que el gol había caído en su casillero, señal que pareció suficiente para enaltecer los egos locales: estaban por delante y aún no habían comenzado a mostrar sus virtudes. Aún mareado por el brusco giro de guion que el partido había trazado, el Madrid consideró una injusticia verse por debajo en el marcador, así que decidió que el río debía volver a su cauce con celeridad. La desafortunada lesión de Benzema, que es seria duda para la vuelta, precipitó aún más los acontecimientos.  

Consumado ya el desorden emocional, los de Zidane comenzaron a verticalizar al máximo sus intentonas de ataque, con el lógico aumento de pérdidas en situaciones vulnerables que ello conlleva. Emergieron entonces dos figuras que contribuyeron a dañar el desorden madridista. La perla alemana Julian Draxler opositó a actor principal en las presumibles pesadillas que Danilo sufrirá esta noche. El “10” deslumbró desde la banda izquierda, recibiendo una y otra vez con espacios, para recordar a Europa que aquí hay jugador importante. La otra parte fueron Pepe y Ramos, que tuvieron una de las peores noches que se les recuerda como pareja. Mención especial merece el de Camas, que como viene siendo norma, se mostró nervioso, impulsivo e impreciso en demasía.

Llegaría el 2-0 poco antes de cumplirse la media hora de partido, y con él, el sinsentido que se vería durante los 60 minutos siguientes. Ronaldo pasó a jugar en el área y Bale en la izquierda. Consecuentemente, los ataques del Madrid cayeron en el abuso del centro lateral, y aunque pudo ser suficiente para hacer gol (la zurda del galés es un regalo para cualquier rematador), redujo de manera drástica las opciones de un equipo que formaba con jugadores como Marcelo, Kroos, Modric o Jesé. Únicamente el ingreso de Isco en el campo permitió ver atisbos del juego interior que este Real Madrid, por plantilla y potencial colectivo, debe priorizar.


Aun siendo el resultado final un tanto engañoso, pues no hubiese sido extraño que el Real se llevase algún gol del Volkswagen-Arena, la actitud para encarar un partido cargado de testosterona y alegorías al más allá como el que espera el próximo martes deberá ser muy distinta a la vista hoy en Alemania. No en términos de motivación, sino de inteligencia emocional, de racionalizar el contexto. La precipitación y el nerviosismo del partido de ida deben ser la luz que ilumine el encuentro del próximo martes.  

martes, 5 de abril de 2016

Casemiro y el techo merengue


Desde el momento en que Zinedine Zidane cogió las riendas del maltrecho Real Madrid de Rafa Benítez,  se apresuró en defender a Kroos como un elemento básico para el funcionamiento de su equipo. “Toni es perfecto para el Real Madrid. Desde que él está en Madrid, nuestro estilo ha cambiado”, explicó en una entrevista concedida al diario alemán Sportbild, en referencia al valor que el alemán tiene ejerciendo la exigente función de mediocentro en el conjunto de la capital.

Lo cierto es que la realidad actual dista mucho de las pretensiones iniciales del técnico galo. El Madrid parece instalado en una espiral autodestructiva que atrapa al mediocentro de turno para hacer de su desempeño, en las malas, el mayor de los problemas del equipo. En las buenas, mejor pasarlo por alto. Le ocurrió a Xabi Alonso en sus últimos tiempos por Concha Espina, y lo lleva sufriendo el actual campeón del mundo prácticamente desde que aterrizase en España.

El juego de salida elaborada y posesiones prolongadas que Zidane traía para su conjunto parecía tener en Kroos un eslabón ideal en la cadena combinativa merengue. Tras 8 jornadas consecutivas como mediocentro único, alternando contundentes goleadas con sendos pinchazos (el doloroso 0-1 ante el Atlético inclusive), en la visita al Levante fue relegado al puesto de interior, entrando Casemiro como pivote. Desde entonces, frente a Celta, Las Palmas, Sevilla y Barcelona, el brasileño ha sido el encargado de desempeñar el rol primigeniamente reservado para Toni Kroos, que ha limitado su participación a desempeñarse como interior izquierdo.

Suele decirse que cuando algo funciona no conviene cambiarlo. Es aquí donde se encuentra el meollo de la cuestión: ¿realmente es Casemiro la opción óptima para potenciar las virtudes del Real Madrid que busca su actual técnico? En escenarios concretos como el del último enfrentamiento con el FC Barcelona, donde el plan madridista sufre modificaciones significativas en base a un ínfimo número de rivales, Casemiro puede ser una pieza de gran utilidad. Incluso como revulsivo para cerrar encuentros de resultado corto. Pero cuando se trata de tomar el mando de un partido desde la posesión, asumiendo el mando en la salida de pelota, como primer pase, batiendo líneas que permitan asentar al equipo arriba, o dando un apoyo por detrás al poseedor del balón, el alemán emerge como una opción de mayor categoría para la tarea. 



A falta de un sistema de juego que pueda desarrollarse plenamente con el tiempo que esto conlleva (el año que viene, pretemporada mediante, será otra historia), Zidane necesita resultados que legitimen su idea y permitan llegar a los suyos a la recta final del curso con opciones en la Champions. La realidad es que Casemiro se los está dando. La duda es si, de seguir así, el Real Madrid de Zidane encontrará su techo antes de lo que el talento de sus jugadores dictamina. 

domingo, 3 de abril de 2016

Marcelo en el jardín de Messi

Marcelo y Luis Suárez luchan por un balón


Mientras algunos debatían el número de goles que se iba a llevar el Madrid para Chamartín, dándose por descontada la goleada en nombre de Cruyff, el Real se plantó en el Camp Nou sabiéndose menos equipo que su rival, pero nunca inferior en cuanto a talento y determinación. Si cumplían el plan que su entrenador había preparado, la victoria no era una quimera.

Con la novedad de Messi posicionado de manera permanente en el centro, Luis Enrique buscó el dominio total de la situación mediante la pelota. Sería azulgrana la mayor parte del tiempo. El Madrid colocó una línea de cinco futbolistas por delante de la defensa, con Casemiro como pivote, Kroos y Modric como interiores, y Gareth Bale y Cristiano Ronaldo cerrando las bandas. Hay que reseñar la labor del técnico blanco a la hora de convencer a sus futbolistas de cuáles serían las pautas a seguir. Solo así se entiende que ayer se viese a Ronaldo defendiendo a Jordi Alba cuando éste ganaba línea de fondo. Fue precisamente esta conciencia colectiva, este saber esperar al momento adecuado cerrando pasillos y líneas de pase pacientemente, lo que dificultó la circulación rápida de pelota por parte de los locales. Eso, y el hecho de que Messi no pisase la derecha, lo cual hubiese agrietado significativamente el sólido bloque madridista. La otra pieza blanca que refleja el plan de Zidane fue Casemiro. El brasileño, acostumbrado a salir a todas, a morder por decreto allá donde se encuentre la bola, adoptó ayer una actitud más conservadora, priorizando mantener la posición frente a buscar el robo por impulso. Su partido fue notable.

El choque no estaba siendo prolífico en ocasiones, aunque Suárez primero, y Rakitic después, tuvieron en sus botas el primero de la noche. Bale parecía la única vía válida para que los de Zidane se acercasen al área de Bravo, y Benzema vivió atormentado por la presencia de Busquets, brutal con y sin balón. Su sangre fría permitió que el Barça mantuviese el guión planeado por Luis Enrique. Paradójicamente, el gol culé llegó en un córner.

Con el marcador en contra, el Madrid dudaba aún entre conservar el plan inicial o lanzarse a presionar definitivamente arriba. En esas apareció Marcelo, que había estado impreciso pero participativo en el primer tiempo, liberado por la ausencia de Leo Messi en su zona, para trazar una diagonal más propia de un mediapunta (su posición es un truco en el que resulta imposible no terminar cayendo) que sirvió para que Benzema igualase el marcador. Rakitic estaba realizando un trabajo impagable en el sector del brasileño, pero Luis Enrique decidió introducir a un perdido Arda Turan en su lugar. Su nivel de adaptación al sistema del Barcelona es una debilidad, y el Madrid hizo sangre en su sector, primero con Marcelo, y después con Jesé. El segundo parecía ya cuestión de tiempo. Bale, el jugador más en forma en el conjunto merengue, terminó encontrando a Cristiano en el área tras una potente arrancada de Carvajal.


El Madrid queda a 7 puntos del Barça, distancia que, con 21 puntos en juego, sigue antojándose excesiva para los blancos en lo que a aspiraciones a ganar el campeonato se refiere. Y aún con esas, salen reforzadísimos de Can Barça, sabiéndose capaces de tumbar a cualquiera y con todo apostado a la Champions. Los de Luis Enrique, ni mucho menos tocados tras 39 partidos sin conocer la derrota en su feudo, continúan siendo la referencia mundial, con aspiraciones a la proeza divina que sería repetir el triplete, y con el Cholo Simeone esperando a la vuelta de la esquina. Lo mejor está por venir. 

viernes, 1 de abril de 2016

Zidane con las blancas


El Madrid no va a ganar la liga. Son 10 puntos los que lo separan del Barcelona, y ni el juego propio, ni el del actual líder, permiten a los blancos soñar con una colocación distinta en la tabla de aquí a finales de mayo. Mañana visita un Camp Nou enaltecido por enfrentarse al máximo rival y motivado sobremanera por homenajear sobre el campo a un tal Johan Cruyff. El contexto parece propicio para un partido plácido con victoria blaugrana, si no fuera porque se trata de un FC Barceloa-Real Madrid. 

Zidane llega con la ventaja del que conoce lo que significa este enfrentamiento para ambos clubs. Amén de por el peso del escudo que hoy defiende como técnico, una victoria blanca ante el todopoderoso Messi mejoraría exponencialmente la autoestima de un plantel que navega tocado desde que perdiera sus opciones en el campeonato nacional, algo básico de cara a afrontar los cuartos de la Copa de Europa (recordemos lo que estuvo a punto de suceder frente al Schalke el curso pasado). No digamos ya ante un hipotético emparejamiento con los de Luis Enrique en rondas posteriores. Y por si todo esto no fuera suficiente, una victoria visitante mañana pondría al Madrid a 7 puntos del líder, que iría a Anoeta el siguiente fin de semana, con nada menos que un doble choque de Champions frente al Atlético de Madrid entre medias.

Conocida ya la baja de Varane por lesión, parece claro que será Pepe el que acompañe a un renqueante Ramos en el eje de la zaga madrileña. A pesar de que esto pudiera parecer incluso una ventaja, puesto que el central luso es uno de los defensores que mejor parado ha salido históricamente frente al genio de Rosario, el cambio puede suponer un giro completo en los planes de Zidane.
Con un centro del campo en el que todo lo que no sea jugar con Casemiro como pivote sería una sorpresa, unido al consiguiente alejamiento de Kroos de la base de la jugada, el Real Madrid tendrá serias dificultades para ejecutar su plan habitual en lo que llevamos de la “Era Zidane”: salida elaborada en corto desde atrás, posesiones largas y no rifar ni una pelota. No hay que olvidar que mañana una posible pérdida en salida pillaría al cuadro merengue en desventaja frente a la MSN, por lo que asumir los menores riesgos posibles para que el poderío del trío sudamericano no trascienda debería ser una máxima para Zizou.

Si el técnico del Real Madrid revisa las mejores actuaciones recientes de los suyos en el feudo culé, verá que el plan viene siendo siempre el mismo: dos líneas juntas con presión sobre el receptor del pase y salidas rápidas mediante el envío directo a Karim Benzema. El dominio de Bale en este contexto es absoluto, por lo que su figura se antoja fundamental para las esperanzas de los madridistas. Ayudar a su lateral a enfrentar el triángulo Neymar-Iniesta-Alba, para después correr como si no hubiera mañana al encuentro de un balón servido en ventaja por Benzema, es el escenario más probable al que se tendrá que enfrentar mañana.

A pesar de que Casemiro sea la opción con mayor potencial defensivo para la posición de mediocentro, surge un punto flaco que será de vital importancia para las opciones del Real Madrid. El brasileño destaca por su intensidad y su agresividad sin balón. Va a todas. Esto, muchas veces jaleado por el Bernabéu, puede madurar en una trampa mortal para su equipo. Cada vez que Messi o Neymar reciban en banda, Casemiro acudirá buscando el robo inmediato, o lo que es lo mismo, invitará a los astros culés a que lo desborden y enfrenten un boquete a su espalda, que les permitirá trazar su movimiento más devastador: la diagonal hacia el arco.

Si finalmente Zidane opta por un plan más conservador implicará, como toda elección difícil, una parte negativa. No hay equipo que mejor consideración tenga de sí mismo que el FC Barcelona de Leo Messi, lo cual suele resultar terrible para su rival cuando éste decide dejar a su recaudo el balón durante el grueso del partido. Bravo, Piqué, Alves, Busquets, Iniesta y Messi tiranizan desde la posesión, disfrutan pasándose la pelota, y sufren como niños a los que se les ha quitado el chupete cuando no la tienen. Regalársela no le supondrá a Zidane, ni mucho menos, salir con blancas.