Desde el momento en que Zinedine Zidane cogió las
riendas del maltrecho Real Madrid de Rafa Benítez, se apresuró en
defender a Kroos como un elemento básico para el funcionamiento de su equipo. “Toni es perfecto para el Real
Madrid. Desde que él está en Madrid, nuestro estilo ha cambiado”, explicó
en una entrevista concedida al diario alemán Sportbild, en referencia al valor
que el alemán tiene ejerciendo la exigente función de mediocentro en el
conjunto de la capital.
Lo cierto es que la realidad actual dista mucho de las
pretensiones iniciales del técnico galo. El Madrid parece instalado en una
espiral autodestructiva que atrapa al mediocentro de turno para hacer de su
desempeño, en las malas, el mayor de los problemas del equipo. En las buenas,
mejor pasarlo por alto. Le ocurrió a Xabi Alonso en sus últimos tiempos por
Concha Espina, y lo lleva sufriendo el actual campeón del mundo prácticamente
desde que aterrizase en España.
El juego de salida elaborada y posesiones prolongadas
que Zidane traía para su conjunto parecía tener en Kroos un eslabón ideal en la
cadena combinativa merengue. Tras 8 jornadas consecutivas como mediocentro
único, alternando contundentes goleadas con sendos pinchazos (el doloroso 0-1
ante el Atlético inclusive), en la visita al Levante fue relegado al puesto de
interior, entrando Casemiro como pivote. Desde entonces, frente a Celta, Las
Palmas, Sevilla y Barcelona, el brasileño ha sido el encargado de desempeñar el
rol primigeniamente reservado para Toni Kroos, que ha limitado su participación
a desempeñarse como interior izquierdo.
Suele decirse que cuando algo funciona no conviene
cambiarlo. Es aquí donde se encuentra el meollo de la cuestión: ¿realmente es
Casemiro la opción óptima para potenciar las virtudes del Real Madrid que busca
su actual técnico? En escenarios concretos como el del último enfrentamiento
con el FC Barcelona, donde el plan madridista sufre modificaciones significativas
en base a un ínfimo número de rivales, Casemiro puede ser una pieza de gran
utilidad. Incluso como revulsivo para cerrar encuentros de resultado corto.
Pero cuando se trata de tomar el mando de un partido desde la posesión,
asumiendo el mando en la salida de pelota, como primer pase, batiendo líneas
que permitan asentar al equipo arriba, o dando un apoyo por detrás al poseedor
del balón, el alemán emerge como una opción de mayor categoría para la tarea.
A falta de un sistema de juego que pueda desarrollarse
plenamente con el tiempo que esto conlleva (el año que viene, pretemporada
mediante, será otra historia), Zidane necesita resultados que legitimen su idea
y permitan llegar a los suyos a la recta final del curso con opciones en la
Champions. La realidad es que Casemiro se los está dando. La duda es si, de
seguir así, el Real Madrid de Zidane encontrará su techo antes de lo que el
talento de sus jugadores dictamina.
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