martes, 5 de abril de 2016

Casemiro y el techo merengue


Desde el momento en que Zinedine Zidane cogió las riendas del maltrecho Real Madrid de Rafa Benítez,  se apresuró en defender a Kroos como un elemento básico para el funcionamiento de su equipo. “Toni es perfecto para el Real Madrid. Desde que él está en Madrid, nuestro estilo ha cambiado”, explicó en una entrevista concedida al diario alemán Sportbild, en referencia al valor que el alemán tiene ejerciendo la exigente función de mediocentro en el conjunto de la capital.

Lo cierto es que la realidad actual dista mucho de las pretensiones iniciales del técnico galo. El Madrid parece instalado en una espiral autodestructiva que atrapa al mediocentro de turno para hacer de su desempeño, en las malas, el mayor de los problemas del equipo. En las buenas, mejor pasarlo por alto. Le ocurrió a Xabi Alonso en sus últimos tiempos por Concha Espina, y lo lleva sufriendo el actual campeón del mundo prácticamente desde que aterrizase en España.

El juego de salida elaborada y posesiones prolongadas que Zidane traía para su conjunto parecía tener en Kroos un eslabón ideal en la cadena combinativa merengue. Tras 8 jornadas consecutivas como mediocentro único, alternando contundentes goleadas con sendos pinchazos (el doloroso 0-1 ante el Atlético inclusive), en la visita al Levante fue relegado al puesto de interior, entrando Casemiro como pivote. Desde entonces, frente a Celta, Las Palmas, Sevilla y Barcelona, el brasileño ha sido el encargado de desempeñar el rol primigeniamente reservado para Toni Kroos, que ha limitado su participación a desempeñarse como interior izquierdo.

Suele decirse que cuando algo funciona no conviene cambiarlo. Es aquí donde se encuentra el meollo de la cuestión: ¿realmente es Casemiro la opción óptima para potenciar las virtudes del Real Madrid que busca su actual técnico? En escenarios concretos como el del último enfrentamiento con el FC Barcelona, donde el plan madridista sufre modificaciones significativas en base a un ínfimo número de rivales, Casemiro puede ser una pieza de gran utilidad. Incluso como revulsivo para cerrar encuentros de resultado corto. Pero cuando se trata de tomar el mando de un partido desde la posesión, asumiendo el mando en la salida de pelota, como primer pase, batiendo líneas que permitan asentar al equipo arriba, o dando un apoyo por detrás al poseedor del balón, el alemán emerge como una opción de mayor categoría para la tarea. 



A falta de un sistema de juego que pueda desarrollarse plenamente con el tiempo que esto conlleva (el año que viene, pretemporada mediante, será otra historia), Zidane necesita resultados que legitimen su idea y permitan llegar a los suyos a la recta final del curso con opciones en la Champions. La realidad es que Casemiro se los está dando. La duda es si, de seguir así, el Real Madrid de Zidane encontrará su techo antes de lo que el talento de sus jugadores dictamina. 

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