El
partido del Coliseum bien puede haber sido una de las tres tardes más plácidas
de lo que va de temporada para el Real Madrid 2015/2016. El Getafe presentó resistencia
nula, Pablo Sarabia a un lado, regalando latifundios demasiado golosos para la
tripleta atacante blanca. Puntos aparte, lo más rescatable del choque fue el
papel positivo que tuvieron los dos grandes borrones de la plantilla de Zidane,
James e Isco.
El colombiano
jugó como interior izquierdo, donde últimamente lo venía haciendo Kroos, hoy
mediocentro ante la ausencia de Casemiro. Loar la ilimitada capacidad para
generar goles de su pierna izquierda resulta ya una obviedad; en los tramos de
campaña en que se movía como un exfutbolista seguían cayéndosele los goles de
ella. Hoy sí, sus movimientos entramaron un sentido más parecido a lo que todo
el mundo espera de James Rodríguez. Apoyaba a Kroos y Marcelo para edificar en
la izquierda, para terminar asomándose al balcón del área a juguetear con su
zurda. Tanto con balón como sin él reflejó haber ganado ritmo, déficit que le
estaba costando demasiados segundos en cada una de sus acciones.
El
interior derecho quedó para Isco. La ausencia de Modric, capitán general en la
salida de pelota madridista, animó al malagueño a sumar un alto número de pases
en el nacimiento de la jugada. En base a tocar y tocar la pelota, lo que al fin
y al cabo demanda el ‘22’ para dar su nivel más alto, se pudo ver una versión
afín a lo que es el futbolista. Un 97 por ciento de efectividad en el pase
refleja a la perfección lo que fue su partido.
Tal y como se
comentó al principio, las conclusiones no deben tomarse a la ligera por las
facilidades que presentó su contrincante, pero sí que invitan al optimismo
respecto a lo visto recientemente. Son piezas básicas para que el potencial
nivel de juego del Madrid alcance su verdadero cénit. Y parece claro que Zidane
lo sabe.
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