sábado, 16 de abril de 2016

¿De vuelta?

El partido del Coliseum bien puede haber sido una de las tres tardes más plácidas de lo que va de temporada para el Real Madrid 2015/2016. El Getafe presentó resistencia nula, Pablo Sarabia a un lado, regalando latifundios demasiado golosos para la tripleta atacante blanca. Puntos aparte, lo más rescatable del choque fue el papel positivo que tuvieron los dos grandes borrones de la plantilla de Zidane, James e Isco.

El colombiano jugó como interior izquierdo, donde últimamente lo venía haciendo Kroos, hoy mediocentro ante la ausencia de Casemiro. Loar la ilimitada capacidad para generar goles de su pierna izquierda resulta ya una obviedad; en los tramos de campaña en que se movía como un exfutbolista seguían cayéndosele los goles de ella. Hoy sí, sus movimientos entramaron un sentido más parecido a lo que todo el mundo espera de James Rodríguez. Apoyaba a Kroos y Marcelo para edificar en la izquierda, para terminar asomándose al balcón del área a juguetear con su zurda. Tanto con balón como sin él reflejó haber ganado ritmo, déficit que le estaba costando demasiados segundos en cada una de sus acciones.

El interior derecho quedó para Isco. La ausencia de Modric, capitán general en la salida de pelota madridista, animó al malagueño a sumar un alto número de pases en el nacimiento de la jugada. En base a tocar y tocar la pelota, lo que al fin y al cabo demanda el ‘22’ para dar su nivel más alto, se pudo ver una versión afín a lo que es el futbolista. Un 97 por ciento de efectividad en el pase refleja a la perfección lo que fue su partido.


Tal y como se comentó al principio, las conclusiones no deben tomarse a la ligera por las facilidades que presentó su contrincante, pero sí que invitan al optimismo respecto a lo visto recientemente. Son piezas básicas para que el potencial nivel de juego del Madrid alcance su verdadero cénit. Y parece claro que Zidane lo sabe. 

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