viernes, 1 de abril de 2016

Zidane con las blancas


El Madrid no va a ganar la liga. Son 10 puntos los que lo separan del Barcelona, y ni el juego propio, ni el del actual líder, permiten a los blancos soñar con una colocación distinta en la tabla de aquí a finales de mayo. Mañana visita un Camp Nou enaltecido por enfrentarse al máximo rival y motivado sobremanera por homenajear sobre el campo a un tal Johan Cruyff. El contexto parece propicio para un partido plácido con victoria blaugrana, si no fuera porque se trata de un FC Barceloa-Real Madrid. 

Zidane llega con la ventaja del que conoce lo que significa este enfrentamiento para ambos clubs. Amén de por el peso del escudo que hoy defiende como técnico, una victoria blanca ante el todopoderoso Messi mejoraría exponencialmente la autoestima de un plantel que navega tocado desde que perdiera sus opciones en el campeonato nacional, algo básico de cara a afrontar los cuartos de la Copa de Europa (recordemos lo que estuvo a punto de suceder frente al Schalke el curso pasado). No digamos ya ante un hipotético emparejamiento con los de Luis Enrique en rondas posteriores. Y por si todo esto no fuera suficiente, una victoria visitante mañana pondría al Madrid a 7 puntos del líder, que iría a Anoeta el siguiente fin de semana, con nada menos que un doble choque de Champions frente al Atlético de Madrid entre medias.

Conocida ya la baja de Varane por lesión, parece claro que será Pepe el que acompañe a un renqueante Ramos en el eje de la zaga madrileña. A pesar de que esto pudiera parecer incluso una ventaja, puesto que el central luso es uno de los defensores que mejor parado ha salido históricamente frente al genio de Rosario, el cambio puede suponer un giro completo en los planes de Zidane.
Con un centro del campo en el que todo lo que no sea jugar con Casemiro como pivote sería una sorpresa, unido al consiguiente alejamiento de Kroos de la base de la jugada, el Real Madrid tendrá serias dificultades para ejecutar su plan habitual en lo que llevamos de la “Era Zidane”: salida elaborada en corto desde atrás, posesiones largas y no rifar ni una pelota. No hay que olvidar que mañana una posible pérdida en salida pillaría al cuadro merengue en desventaja frente a la MSN, por lo que asumir los menores riesgos posibles para que el poderío del trío sudamericano no trascienda debería ser una máxima para Zizou.

Si el técnico del Real Madrid revisa las mejores actuaciones recientes de los suyos en el feudo culé, verá que el plan viene siendo siempre el mismo: dos líneas juntas con presión sobre el receptor del pase y salidas rápidas mediante el envío directo a Karim Benzema. El dominio de Bale en este contexto es absoluto, por lo que su figura se antoja fundamental para las esperanzas de los madridistas. Ayudar a su lateral a enfrentar el triángulo Neymar-Iniesta-Alba, para después correr como si no hubiera mañana al encuentro de un balón servido en ventaja por Benzema, es el escenario más probable al que se tendrá que enfrentar mañana.

A pesar de que Casemiro sea la opción con mayor potencial defensivo para la posición de mediocentro, surge un punto flaco que será de vital importancia para las opciones del Real Madrid. El brasileño destaca por su intensidad y su agresividad sin balón. Va a todas. Esto, muchas veces jaleado por el Bernabéu, puede madurar en una trampa mortal para su equipo. Cada vez que Messi o Neymar reciban en banda, Casemiro acudirá buscando el robo inmediato, o lo que es lo mismo, invitará a los astros culés a que lo desborden y enfrenten un boquete a su espalda, que les permitirá trazar su movimiento más devastador: la diagonal hacia el arco.

Si finalmente Zidane opta por un plan más conservador implicará, como toda elección difícil, una parte negativa. No hay equipo que mejor consideración tenga de sí mismo que el FC Barcelona de Leo Messi, lo cual suele resultar terrible para su rival cuando éste decide dejar a su recaudo el balón durante el grueso del partido. Bravo, Piqué, Alves, Busquets, Iniesta y Messi tiranizan desde la posesión, disfrutan pasándose la pelota, y sufren como niños a los que se les ha quitado el chupete cuando no la tienen. Regalársela no le supondrá a Zidane, ni mucho menos, salir con blancas. 

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