lunes, 11 de abril de 2016

El plan de la sexta



“Tenemos que marcar pero tenemos noventa minutos o más para hacerlo, no cinco. El mensaje es paciencia”. Zidane lo tiene claro. El Madrid no estará en semifinales por obra y gracia de la enésima ofrenda a Juanito. El camino, como no podía ser de otra manera, lo marca la única ventaja con la que recibe al Wolfsburgo: su plantilla. Aportar un contexto de partido que potencie a sus jugadores (evitando estampas como la de ver a su jugador franquicia limitado a pelear centros laterales con los dos centrales), a la par que los aleja de la vorágine de testosterona y adrenalina que un Bernabéu como el de esta noche puede infundir, es la tarea que el francés tendrá hoy marcada en rojo.

El Madrid no lo tendrá nada fácil. Un gol de los teutones, situación ni mucho menos descartable a tenor de lo visto en la ida, haría de la sexta semifinal consecutiva una suerte de utopía para los de Chamartín. El Real jugará, por tanto, priorizando no conceder antes que arremeter con desenfreno. Idea que, por otro lado, casa a la perfección con el fútbol del que Zidane gusta hacer gala siempre y cuando no tenga a Messi delante. Entra aquí en juego el factor emocional, que sin duda será de capital importancia, para bien y para mal, mañana en el Bernabéu. Un gol calmará el fervor de hinchada y jugadores, mostrará la luz al final del túnel. El paso de los minutos con un cero en el casillero impacientará a ambos, llevando al Madrid a abandonar su plan inicial y a forzar que sucedan cosas en las áreas.

Casemiro, James o Isco


Son dos los motivos que llevan a imaginar a Casemiro como titular. El primero, el que lo ha convertido en fijo para su entrenador: su aportación defensiva. Con Ramos en uno de los peores estados de forma que se le recuerdan, y Pepe y Varane lejos de su plenitud física, su agresividad y dominio del juego aéreo como salvavidas para la pareja de centrales madridista se antojan necesarios. El segundo, el ideal que transmite. La entrada de James o Isco, mucho más relacionados con el gol y el manejo de la pelota que el brasileño, supondría exteriorizar el mensaje del que Zidane rehuyó continuamente ayer. 

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